Treinta y ocho años

Hoy ha sido tu entierro y no he ido.

¿Cobardía? Quizás. No quería que la imagen de tu madre destrozada junto a tu féretro se sobrepusiese a los recuerdos que tengo de ti, empañándolos.

Porque para mí siempre serás ese niño al que un día se le olvidó ponerse los zapatos y vino a clase con pantuflas de cuadros. El que se sentaba delante de mí en tercero y delante en la pasantía. Aquél con el que jugábamos por las tardes y en verano.

Porque no entiendo en qué parte del camino ese niño se perdió y acabó por convertirse en el joven que decidió que era mejor renunciar a un trasplante de hígado y seguir bebiendo hasta morir.

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Elecciones

Mi esposa murió al dar a luz. En el parto también falleció nuestra hija. Aquella noche la desazón me inundó y tomé la firme decisión de peregrinar a Jerusalén, como tantos otros hacían, quizá buscando hallar respuestas o puede que para reencontrarme con Dios. O quizá tan solo necesitara dejar atrás todo aquello que había conocido y me obligaba a recordar. Seguir leyendo “Elecciones”

Canto al vacío

Miró al frente y se creyó en la cima de la montaña.

Años después miró abajo y sólo había soledad.

El camino a la cumbre se había pavimentado con errores del pasado y cadáveres sentimentales.

Gritó con desgarro y comprendió que sólo el eco, compañero mudo y eterno, le acompañaba.

Tener y no tener, de bodrio a ARTE

Hoy vengo a hablaros de mi película favorita: Tener y no tener. Quizás haya quien no la conozca, pero todos hemos escuchado la mítica frase que Lauren Bacall le dice a Bogart: «Ya sabes que no tienes que fingir conmigo, Steve. No tienes que decir nada y no tienes que hacer nada. Nada de nada. Tal vez solo silbar. ¿Sabes silbar, verdad? Juntas los labios… y soplas». Luego, el día de su boda, Bogie le regaló a Bacall un silbato de oro en el que inscribió: «si me necesitas silba», de ahí que se recuerde la versión corta.

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